
Ya era de madrugada cuando puse el despertador para pararme a las 9 con veinte. Es que me fui a la cama a las 4. No era necesario el despertador, desperté antes que eso, gracias al escándalo de la remodelación del piso de arriba y el Sol que se cuela insistente por la piel intermitente de mi persiana descompuesta. Me fui a la ducha, me vi en los dos espejos que quedan de camino a la regadera. La cara hinchada y de pocos amigos que me cargo, delata que el muchacho, yo merengues, durmió poco.
Elección de atuendo, difícil en estos días tramposos. De tin marín, pasan los ojos del ropaje para el calor pegajoso al outfit para defenderse de las lluvias vespertinas. Son las 10, me decido por la opción ligera. Me desperté temprano por una razón especial: era menester llevar a uno de mis mejores amigos con un médico especialista, ante una serie de dolores que lo han diezmado los últimos días. Ya con eso el día era medio ojetón; mi Yo Empático sufre cuando mi gente lo pasa mal.
Todo iba “bien” (tan bien como puede ir un día en el que dormiste poco y tienes que llevar a un gran amigo a servicios médicos emergentes) hasta que Tlalpan se convirtió en un estacionamiento gigante. Nada de avance, gente encabronada, yo preocupado. Intento llevármela relax, le subo a la música e intento sonreír. Como que medio funciona. Seguimos empantanados, de tramito en tramito, en primera. Poquísimas veces logro llegar a segunda. Y freno. ¿La razón? Un par de accidentes deteniendo el tránsito. Y no es únicamente el hecho de que un carril haya quedado inservible el que mantiene en jaque el tránsito vehicular, es la piara de mirones morbosos la que hace que el problema se multiplique.
Llego mentando madres a la casa de mi amigo. Me habla otro cuate de ambos para decirme que un tercer amigo se lo llevó a la cita pensando que ya no llegaría (¿y cómo demonios voy a avisar de un retraso, cuando tiene el celular apagado?) y ya estaban en camino al Doctor. Damn. Le llamo, aún están en la calle esperando taxi. Los recojo y me enfilo hacia el lugar, que está en la Condesa. Los lectores locales seguramente saben que es una de las colonias más complicadas, no sólo por su exceso de fonditas nice, wannabes y cacas de perro, sino porque todas las calles o son curvas, o cuchillas, o espirales de la muerte.
Pues pa no hacerla de emoción, nos perdimos. El amigo que juraba que sabía cómo llegar y encargado de mirar la Guía Roji no daba una, por lo que pasamos varias veces por los mismos lugares como en escenario de Los Picapiedra. Desesperado por su ineptitud le quito la Guía Roji y resulta que el brillante individuo estaba en la calle Tlaxcala, pero de Atizapán de Zaragoza (¡!¿?). Me ubico en el mapa, llegamos veinte minutos tarde a la cita, con todo y paciente retorciéndose de dolor en el asiento del copiloto.
El Doctor nos atendió a las mil, lo examinó y nos dio las buenas nuevas: había que llevarlo a urgencias a un hospital y hacerle estudios, porque probablemente el problema necesitaría cirugía. Verde. Nos enfilamos al Hospital Ángeles, donde nos dijeron que perdón, pero estaban sobrecargados de trabajo y tendríamos que esperar mínimo una hora. Ante tan olímpica demostración de insensibilidad nos movimos a un hospital cercano, donde de inmediato al muchacho le hicieron las pruebas pertinentes y fue internado ante un cuadro de infección severa que lo tendrá ahí 48 horas, conectado a un tripié con suero y medicamento intravenoso contra el dolor.
Entre todo eso, me dieron las flamantes seis de la tarde. Decido ir al centro a comprar un par de cosas, pago los 150 pesotes de estacionamiento. Apenas avanzo unos metros y me doy cuenta de que el motor suena horrible. Decido no tentar al demonio y dejo mi cochecito en el cajón de estacionamiento de mi amigo hospitalizado, así camino y me desestreso un poquillo. Entro a Monster a comprar una gorra y el vigilante viéndome todo el tiempo con cara “ya sé que nada más vienes a ratear”, me da coraje, pago la gorra y un par de stickers, con un billete de 500 por supuesto, para que le arda. Llueve y maldigo haber optado por el atuendo primaveral y vaporoso.
En el mercado de las artesanías compro un par de piezas para mi expansión, me pongo una de ellas, no se ve tan mal. Mierda, ya son las 7 y media y las visitas terminan a las 8. Tomo un taxi al hospital, milagrosamente llego al 5 para las 8 y me meto sin pedir permiso al cuarto de mi cuate. Está dormido, ronca. Prefiero no despertarlo, hasta que llega una enfermera, hace escándalo y mi amigo descubre que estoy ahí. Está flaco, con los ojos rojos, ha llorado. Le digo que todo estará bien y sonrío, despreocupado y alegre, hago chistes y me río. Se anima un poco. Lo dejo un poco más alegre y me regreso en taxi de nuevo a la casa de mi amigo, hoy me quedaré ahí para no errarle y poder verlo mañana temprano, no me pienso aventar la excursión desde mi casa.
Hasta que mi estómago comienza a comerse a sí mismo, recuerdo que no sólo no he comido, tampoco he desayunado. Pero ya es tarde y seguro mi novio ya está esperándome conectado. Hoy no le mandé mails ni lo vi a la hora de la comida por MSN, sólo nos mandamos un par de mensajes temprano. Decido tomar mi laptop e irme a un Sanborn’s, así puedo conectarme mientras ceno. Ajá.
En el primer Sanbonrn’s, llego, me siento y cuando estoy por ordenar, noto que el chingado Internet no sirve. Me largo a un segundo Sanborn’s y pido una mesa con conexión a energía eléctrica, porque la laptop no trae pila. Que no hay y que hay dos personas más esperando una mesa como la que yo busco. Chingada madre. Busco el tercer Sanbor’s, que está a unos cientos de metros y una lluvia torrencial se desata. Mierda. La lluvia en general no me molesta, pero traigo mi laptop en una mochila de tela degadísima. Llego hecho una sopa al restorán, sólo para darme cuenta de que está atestado ya que la lluvia atrajo a toda la gente cercana y ahora están ahí adentro como moscas zumbonas, contenidas por ese local amarillento, supuestamente moderno, pero ya avejentado e inevitablemente kitsch.
Por supuesto no hay lugares disponibles. Corro entre la lluvia al que, creo, será mi sitio infalible: El de los azulejos. Tómala, en todo el primer piso no hay una sola mesa con conexión. Que en el segundo piso. Y Pavelo, hecho una sopa, sube las escaleras, con el estómago y el ánimo carcomidos, esperando encontrar la conexión prometida. Y en vez de eso, me encuentro con una bola de viejas encopetadas y weyes entacuchados, todos con caras estúpidas, sonrientes, estúpidas otra vez, sosteniendo sus bebidas y mostrando los dientes, echando la cabeza para atrás mientras rién de cosas que ni remotamente son graciosas. Le pregunto al mesero por una mesa con conexión. Imposible, el segundo piso está reservado en su totalidad por el grupito sonreidor.
Me largo de ahí, pensando en ese único Sanborn’s donde sí había conexión, pero había fila. Decido ir y esperar, me vale madres cuanto. Además me agarró ya un antojo infame de chilaquiles de dos salsas con pechuga asada y me niego a cenar otra cosa. Ahora me los trago, así sea lo último que haga. Empecinado y cascarrabias, como un Gárgamel tatuado y perforado, me dirijo a ese restaurantillo. Ya no hay fila, pero los weyes instalados en las mesas no tienen cara de querer irse, están arranados frente a su taza de café de 13 pesos y parecen dispuestísimos a desquitarlos.
Un destello luminoso llega a mi mente: traigo una extensión para mi cargador, le pregunto con ojos de gato de Shrek al host que si la puedo conectar en una mesa cercana a las de los contactos. Me dice que sí. La conecto, ordeno mis chilaquiles y la felicidad me embarga. Triunfé. El día pudo haber sido una mierda, pero ahí estoy yo, esperando mis chilaquiles rojiverdes. Intento conectarme a Internet. No se puede. Mierda. Varios minutos de intentar y la puta página de bienvenida de Prodigy Móvil jamás carga. Me encabrono por enésima vez en el día, pido mis chilaquiles para llevar. Me los dan, regreso. Ya no llueve, pero sigo mojado, encabronado, quiero llorar. Me pregunto si mi novio se mojaría y caminaría tanto como yo, sólo para poder platicar conmigo mientras cena, para que no me preocupe. Para qué me hago pendejo, por eso lo hago. Si no, sólo hubiera cenado en el primer Sangroncito, valiéndome madres que mi novio me esperara.
Regreso con mi bolsa con chilaquiles ya medio fríos (o medio calientes, para los optimistas), saco mi máquina de la mochila, me conecto a Messenger, y ¡Voilá! Mi novio no está. Le mando un mensajito preguntándole dónde anda. No contesta, pasan los minutos y sigue sin contestar. Rumio sin muchas ganas mis chilaquiles, que a pesar de todo, no están tan malos. Me da mucha rabia pensar en que yo corro bajo la lluvia, peregrino de acá para allá, todo por leerlo, y él no me contesta un MSN. Derrotado, medio charlo con otros amigos en Messenger.
Y ahora escribo esto, intentando exorcizar el bajón, porque me siento peor que chinche. La verdad llevaba días pensando en algo padre para regresar a escribir a este espacio que ya tengo bastante descuidadillo, pero no. Aquí estoy, despepitándome, jalándome los pelos y haciendo pública mi miseria. Mi novio se conectó hace cosa de minutos, intenté estar bien lo más que pude, a pesar de mi día tan horrendo. Al final le pedí que si podía marcarle a su casa, porque quería oír su voz. No quería otra cosa que oirlo, hacer un par de bromas y dormir con el corazón lleno de él. Pero su respuesta fue “no quiero que gastes” (es larga distancia). Intenté fingir que la respuesta no me dolió; fracasé. Discutimos.
Oficialmente, según los que saben de los meridianos, el día ya se acabó. La media noche se va convirtiendo en madrugada y me siento fatal. Hablaremos al fin por teléfono y espero que por arte de magia su voz lo componga todo. Parecería imposible, pero ya ha ocurrido y yo aún creo en la alquimia y en que tengo Cosmoenergía, como los caballeros del zodiaco.
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P.S. Maldito, lo logró, jajaja.
jueves, junio 18, 2009
Uno de esos días
miércoles, mayo 13, 2009
AVISO INOPORTUNO
(Inserción pagada)
* AAA* Joven moreno, atlético, 25 años, dotado (de ingenio, de ingenio... bueno, de lo otro también), ojos pispiretos, con piercings y tatuajes, notifica a usted que éste sábado 16 de mayo podrá usted mirar sus carnes y escuchar sus berridos en Tokyo Pop (Alvaro Obregón No. 296 esq. con Huichapan, Condesa), donde estarán presentes éxitos consumados como "Te voy a patear las bolas" y "Yo sí te Pido la Luna, y donde también serán presentados en sociedad "Hi5" y "El electro reggaetón de la influenza".
Dicha presentación se hará en el marco del Fest Pop in my Body, un merecido homenaje al Pop que siempre ha estado presente en nuestras vidas, ya como gusto culpable o como pecado abierto y cínico. Aquí el flyer.
Lléguenle, se va a poner bueno. Se divertirán, eso que ni qué.
Advertencias: Evento no apto para pretenciosos puristas musicales, gurús del rock, fans de Björk o esas chingacosas.
Las secuelas producidas por escuchar tantas estupideces juntas son responsabilidad única y directa de quien asiste al evento.
Ah, sí, advierto que actúo en calzones.
lunes, abril 27, 2009
EL REGGAETON DE LA INFLUENZA
El ocio es el padre de todos los vicios. Si yo tengo uno (además de las compras, léase la entrada anterior) es dedicarme a producir taradeces con onda. Gracias a esta tendencia mía a la burrada es que llega a ustedes este blog, es también por eso que en Marrakech toco canciones como Piquito de Pollo, y también es por ello que llegué a componer canciones como Mezzenger Z y Yo sí te pido la Luna.
Como la influenza me tiene confinado y ante la necesidad de decir algo con respecto a este mal, me di a la tarea de escribir una canción para la ocasión, juar juar. No soy yo el único responsable de esta aberración, mi buen camarada Kistchy Kitsch contribuyó con su beat a crear ésta que será la rola del verano en los antros (si es que los reabren o si alguien sigue vivo para bailar en ese entonces).
Aquí los dejo con:
¡EL ELECTRO-REGGAETÓN DE LA INFLUENZA!
Nota: Les dejo también el myspace de mi bandita, donde también pueden encontrarse con Hi5, un remake que hicimos a Bazar de Flans, ¡esperemos que le echen un oclayo!
www.myspace.com/misterfitness
P.S. Ya pueden bajarse también la versión definitiva de Hi5, para que la suban a sus respectivos aparatitos musiqueros :D
La rola aquí merengues.
PS2 (Como la consola, juar juar): He actualizado el video de la influenza, ya con el audio definitivo, espero les lata. Quienes quieran bajarlo para tenerlo en sus reproductores, píquenle aquí.
domingo, abril 19, 2009
CONFESIONES DE UN DESGRACIADO ADICTO

Me llamo Pável, y tengo problemas con mi forma de comprar.
(Y aquí mis compañeros de terapia grupal imaginarios me contestan: ¡Hooooolaaaaa Paaaaveeeel!)
Así nomás, llano y seco. Soy un desgraciado adicto y no lo puedo negar. Tanto presumir que nunca he probado siquiera una chela, que ni la sidra de navidad, que nada de tabaco, tacha, churro o similares, para que al final la puerca tuerza el rabo con una cosa como las compras.
Dicen los que saben que en estos asuntachos de los vicios se presenta primero una fase de negación. No sé si sea por cínico o por sincerote, pero yo tuve ni ápice de esto. Digo, nada más es cosa de ver cómo me pongo cuando empiezan las rebajas en el Palacio de Hierro, cuando hay promociones en Mixup o sencillamente cuando llegan nuevas colecciones de trapos a las tiendas. Negar que tengo problemas sería tan absurdo como las declaraciones de Fabiruchis diciendo que no es gay.
Ahí tienen a Pavelo, pegadote a los escaparates como mosca panteonera, zumbando de acá para allá entre ropa y accesorios, entre artículos electrónicos, entre CDs musicales y las series en DVD que son su deleite. Apenas llega un depósito a su estado de cuenta, aparta lo de la renta del mes, algo para los servicios y lo demás sópatelas, se convierte en cinturones, jeans, playeritas, películas (de las cuales la mayoría siguen sin abrir en el librero) y otros artículos que se mueven en la delicada frontera entre lo innecesario y lo ridículamente superfluo.
Uno se da cuenta de que tiene problemas con las compras cuando:
a) Compra más que por necesidad, por satisfacer asuntos emocionales.
b) Siente una especie de vértigo placentero al recorrer las tiendas.
c) Experimenta una sensación similar al pagar, principalmente con tarjetas (siempre existe la posibilidad de que el famoso plastiquito no pase y hasta ese riesgo es una dulce tortura)
d) El salir de las tiendas cargado de productos le confiere una especie de poder, mismo que exhibe de todas las maneras posibles; le encanta que las personas miren cuántas bolsas lleva encima.
e) Le es imposible ahorrar; destina casi todos sus ingresos a comprar irreflexivas e impulsivas, mismas que intenta justificar de todas las maneras posibles. Cuando el problema es más severo, el compradicto se hace de varias tarjetas de crédito, las abarrota todas y vive haciendo elaboradísimos malabares para no terminar en el temido patíbulo del buró de crédito.
Aunque, es menester decir, hay de compradictos a compradictos. O shopaholics, si se las quiere dar usted de muy bilingüe e impresionar en su próxima reunión (“¿Ya leyeron eso de los shopaholics? ¿Está súper fuerte no? Es como la nueva anorexia”). Así como no es lo mismo el bebedor social que se echa una con los cuates que el teporocho que hay que picar con una vara para que se de la vuelta y no se ahogue en su propio vómito, así también entre los adictos a las compras hay niveles.
Ejemplo: Yo ni loco sacaría una tarjeta de crédito. Más de una vez me han llegado tentadores sobrecitos con solicitudes para adherirme a esa maquinaria de Satán que es el mundo de las tarjetas que te prestan dinerito. Las de mi banco, las juveniles y hasta las del tipín con casco romano me han hecho cerrado el ojito, esperando un momento de debilidad para asestarme un buen golpe de conejo y meterme de lleno al banquillo de los endeudados. Pero nel. Una cosa es que por mi problema prácticamente viva al día, que a veces me vea fenomenal en mis nuevos trapos pero no traiga ni una Maruchan en la panza, y otra muy diferente es deberle hasta las córneas a las instituciones fiduciarias.
“Es que no me gusta cargar efectivo”. “Es que a veces tienes chance de pagar a 12 ó 24 meses sin intereses”. “Es que a veces te sirven para preventas o para comprar cosas por Internet”. Esas y otras excusas son las preferidas de los esclavos de las tarjetas de crédito. Cosa que, ahí sí, la verdad no entiendo. ¿Qué no quieres cargar efectivo por miedo de que te despeluque en la calle cualquier hijo de vecino? Sencillito, haz lo que yo: hazte de una cuenta en el banco de tu preferencia (menos en el que colocas las posaderas) y lixto, tendrás contigo un confiable débito. Así no cargas efectivo, y al momento de comprar, no hay manera de excederse. Se te trabarán las quijadas de coraje al no poder llevarte esos zapatos tan chulos, pero al menos tu estado de cuenta no pasará a números rojos.
Ya sé que no soy ninguna autoridad en este asunto para andar danto tips, pero emproblemado como estoy me siento con la obligación de ofrecer alternativas saludables para que quienes sufrimos de este adicción, poco a poco podamos salir airosos sin terminar en el tambo por andar de deudores. Porque acepto mi problema y ¡snif! en verdad tengo ganas de salir de él.
Así que ya saben: la próxima vez que me vean en un mall (o hasta en El Chopo, de choping, porque mi look fresialternativo requiere de toques indie) por favor sean solidarios con este adicto en rehabilitación y recuérdenme que no debo comprar. Y para ustedes va también la máxima que pretendo me acompañe desde ahora en adelante: En cartera cerrada, no entran deudas.
lunes, marzo 16, 2009
Soy un chico moderno.

Para los que se quedaron con ganas de realmente hacer un test en el post pasado (un test en el post, qué chistoso suena), aquí les dejo un mini cuestionario para medir que tan modernos/modernas son.
Veamos.
¿Qué teléfono celular usa usted?
a) No utilizo uno, sino 3, aunque en estricto sentido uno de ellos no es celular. Uno de ellos tiene banda CDMA, pues tiene los mejores rendimientos en tecnología 3G. El segundo es un dispositivo touch screen con Wifi integrado, sistema cuatribanda GSM y conexión bluetooth 2.0 que optimiza la transferencia multimedia. El tercero es un radio de espectro iPCS, de cobertura nacional e internacional para asuntos de negocios.
b) Tengo un celular de prepago, con cámara para sacarme fotos en los antros cuando salgo con mis amigos, lo cambio de cuando en cuando para no parecer fuera de onda. También trae reproductor de mp3 y jueguitos.
c) No uso celular. Soy un gordo fan de la informática y mi madre no me deja tener celular porque dice que las mujeres me van a descarriar y mis amigos me quieren sonsacar// No uso celular. Soy una lesbiana con chaleco, enojada con este mundo regido por la falocracia donde las telecomunicaciones sólo han servido para crear enormes redes de pornografía que denigran la imagen del género femenino.
¿Hace usted ejercicio?
a) Sí, por supuesto. Voy a un prestigioso gimnasio, con pantallas de plasma, red inalámbrica y aparatos de cardiovascular que miden la frecuencia cardiaca. El lugar cuenta en el mismo complejo con alberca y venta de complementos/suplementos de última tecnología para aumentar el rendimiento sin afectar mi organismo.
b) En ocasiones. Trabajo y/o estudio, me he inscrito un par de veces al gym pero lo he dejado en semanas. También he intentado salir a correr los fines de semana, pero sólo porque me como unos buenos tamales de verde/mole/rajas y un atole de arroz/fresa/champurrado en la esquina de mi casa cuando termino. Sin embargo, salgo los fines de semana a mover el bote y darle gusto al cuerpo, que ya cuenta como un buen ejercicio ¿a poco no?
c) No hago ejercicio. Por algo soy un gordo fanático de la informática, de los cómics y del cine de serie B. Y veo mucho Hentai.// No hago ejercicio. Soy una lesbiana con chaleco que cree que es un insulto cómo a la mujer se le considera un pedazo de carne para disfrute de la insaciable líbido del macho promedio.
Si hace usted ejercicio (gordos informáticos y lesbianas con chaleco, favor de abstenerse) ¿qué cosas utiliza en su práctica?
a) En la parte del entretenimiento, mi iPhone, con auriculares bluetooth, así puedo escuchar música, sin necesidad de cables y jamás perder una llamada. En el asunto del outifit, es necesaria la ropa deportiva hecha de una aleación de fibras que se ajusten al cuerpo, pero que te permitan moverte y transpirar sin problemas. El calzado debe ser ergonómico y siempre traigo conmigo mi reloj que indica cuánto corro y las calorías que he quemado.
b) Uso mi reproductor de mp3 o mi celular, estaba ahorrando para un iPod pero no me alcanzó porque me voy de ebrio cada fin de semana. Uso un pants viejo y una sudadera de mi ex, no iba a gastar en ropa deportiva.
c) Soy un gordo fan de la informática que consiguió infiltrarse en la terna de respuestas gracias a que tengo conocimientos para hackear y crackear toda clase de páginas. Por cierto, en 60 segundos exactamente se reiniciará tu máquina. // Soy una lesbiana con chaleco; mandé centenares de firmas de protesta a blogger por permitir la exclusión de la minoría a la que pertenezco en este cuestionario y logré colarme en la respuesta C.
¿Tiene usted una relación de pareja?
a) Sí, claro. Nos conocimos en la red, y aunque jamás nos hemos visto en persona, nos dejamos todo el tiempo mensajes en Hi5, Facebook, Myspace y Fotolog. Usamos Skype para hacer videoconferencias, porque Mac Messenger aún no admite webcam y los protocolos experimentales de mensajería instantánea alternativa son todavía muy inestables.
b) Sí, pero terminamos porque en el antro me besuqueé con alguien más y su best friend nos vio. De todos modos siempre regresamos, porque no admitimos nuestra incapacidad para estar solos y aunque llevamos un noviazgo de años basado en la costumbre, probablemente terminaremos viviendo juntos.
c) No, no tengo. Soy un gordo fan de la informática sin novia. Algún día serán reales Xeena, Dana Scully y la Princesa Lea, y yo seré feliz porque las tres querrán tener sexo frenético con un hombre tan apuesto como yo. // Sí tengo, soy una lesbiana con chaleco, tengo una relación monógama con otra lesbiana con chaleco, vamos a abrir una librería y a lograr que cierren este blog misógino.
---- R E S U L T A D O S ----
Mayoría de a)
Es usted un geek que tiene problemas para relacionarse con sus similares y por eso recluye en su mundo de gadgets, intentando compensar la falta de afecto humano con aparatos que suplan ese vacío. Si yo fuera Freud le diría que se siente usted castrado, pero no lo soy, y sólo le digo que usted raya en la nerdez. Pero es bien moderno, eso sí.
Mayoría de b)
Es usted "normal". Y ya. Tómelo como insulto o como halago. Yo lo tomaría más como lo primero, pero yo sólo soy un simple elaborador de cuestionarios.
Mayoría de c)
Es usted un gordo nerd de la informática o una lesbiana con chaleco. O las dos cosas.
¿Qué se siente conocer su triste realidad?
Post Data: Todo esto vino porque ya agregué a mi panel un link de seguidores y una cajita para que pueda usted dejarme mensajes instantáneos para sentirme un poco más moderno. Aún no le hago a eso del twitter, ya es too much para este escritorzuelo provinciano.
Sigue mi blog, así tendrás las actualizaciones fresquecitas. ¡UNETE A MI SECTA, UNETE A MI SECTA, BAILA CON LA GENTE Y MUEVE LA CADERA!
P.D. Si notaste que en lugar de Lea, el nombre es Princesa Leia, definitivamente eres un gordo seguidor de los comics y fan de la informática.
miércoles, marzo 04, 2009
Esa cosa llamada moral

A usted, que ha hecho test* de compatibilidad amorosa de acuerdo a su signo zodiacal, que ha respondido cuestionarios en revistas de adolescentes sobre si su peor es nada le pinta el cuerno, usted que gusta de perder el tiempo leyendo blogs que no aportan nada a su vida (pero que le recuerdan que hay gente igual de ociosa que usted), sí, a usted, lo exhorto a contestar este pequeño cuestionario.
Considere las siguientes situaciones hipotéticas y conteste según se lo dicte su primer impulso. (¿A poco no te sentiste de nuevo en la secu?)
Tu mejor amig@ te presenta a su nuev@ novi@, que resulta ser un cuero como te lo recetaron Doctor House y Doctor Queen. Tu best friend se tiene que ir y te das cuenta de que su parejita te está tirando con todos sus recursos. Tú:
a) Le sigues el juego para ver a dónde llegan, al fin un juego es un juego. ¿No que hay que dejar en libertad al niño interior?
b) Intentas que entre en razón, le pones claro que lo más importante para ti es la amistad. Como no entiende y tu hiciste lo que pudiste para resistir, se van al primer cuartucho que encuentran a darse un encerrón.
c) Le dices que se deje de jueguitos y le arrancas la ropa a mordidas. Después varios simulacros de procreación, te sientes mal por unos minutos y decides que sólo un par de apareamientos y ya.
Me disponía a elaborar una serie de preguntas por el estilo, pero creo que el asunto ya quedó dibujado con una sola. No existe una respuesta d), donde el sujeto se resiste a las demandas de la carne y se aleja del objeto de la tentación, para después hablar con franqueza con su amigo acerca de lo sucedido. Porque para eso se necesita de esa cosa olvidada que se llama moral.
La Virgen de Wikipedia nos ilumina al respecto:
Se denomina "Moral" o "Moralidad" al conjunto de creencias y normas de una persona o grupo social determinado que oficia de guía para el obrar, es decir, que orienta acerca del bien o del mal — correcto o incorrecto— de una acción.
La palabra "Moral" tiene su origen en el término del latín "mores", cuyo significado es "costumbre". Moralis (< latín mos = griego (costumbre)). Por lo tanto "moral" no acarrea por sí el concepto de malo o de bueno. Son, entonces, las costumbres las que son virtuosas o perniciosas. Podría definirse también como: la suma total del conocimiento adquirido con respecto a lo más alto, bueno y noble a lo que una persona se apega.
¿Que qué? Bueno, pues en resumidas cuentas, que la moral es ese Pepe Grillo que nos ayuda a distinguir el bien del mal, de acuerdo con conductas socialmente aprendidas sobre lo que es correcto y lo que no lo es."Ay, ¿qué tiene de malo? con esto de la crisis ya ni existen los valores" diría mi carnala el otro día, quitadísima de la pena. Lo peor es tiene quince años, gulp. Que Dios nos agarre santiguados y en traje de monaguillos.
Y casi le doy la razón, porque hoy día, con la cosa como está, es de admirarse que una persona devuelva un celular perdido, que alguien te avise que se te cayó dinero en la calle, que la gente haga notar que en una transacción le dieron cambio de más. Pero de que los hay los hay, y por esos sujetos es por los que este mundo tan maltrecho y cansadón sigue dando vueltas y no se sale de su eje con destino al pandemonium cósmico.
Como ustedes sabrán, soy DJ residente en Marrakech, donde desempeño mis labores con mi fiel companera de batallas, mi Macbook, alias Macuarra (en la foto acompañana de una amiga Mac Fake, una Compaq que se puso la marca perruna del poder y una manzana de las que vienen con los iPod).

Ocurre que uno de mis sábados de chamba musiquera, en un descuido que a cualquier cristiano le puede ocurrir, uno de los parroquianos del congal derramó una buena porción de su bola** sobre mi amada Macuarra. Acto seguido, su servidor, de por sí ya bastante irritado por la presión de decenas de borrachos impertinentes, se pone bien punk y le reclama al susodicho el atentado contra la máquina sonidera.
Y es que no están para saberlo, pero no es la primera vez que me pasa. Una ocasión anterior le vertieron chela a mi teclado y tuve que reemplazarlo, aunque por fortuna sólo fue esoy salió relativamente barato. En este caso la chela se derramó por toda la pantalla y de inmediato no ocurrió nada de cuidado, por lo que momentos después me sentí avergonzado por mi conducta cavernícola con el sujeto del descuido, quien en repetidas ocasiones me ofreció disculpas. Pero es que las disculpas no suelen ser suficientes ante los desperfectos, y sobre todo, cuando uno anda con el coche en el taller y una garganta descompuesta que exige muchas citas médicas con su respectivo desembolse.
Ya un poco más tranquilas las aguas, el muchacho se acerca y me ofrece su tarjeta, con su nombre, número y emilio, por si mi máquina sufría algún daño colateral. "Pura cortesía de borracho", pensé para mis adentros. Y zópatelas. Poco después de la media noche, mi máquina se apaga, y ya no jala ni para atrás ni para adelante. La reinicio y vuelve a apagarse, y así tres veces. Me largo del lugar con mi máquina convaleciente, la llevo diagnosticar y varios días después, el sablazo: hay que cambiar pantalla y hacer una limpieza interna. Changos.
Los jefes se ofrecen a pagar una parte. No es ni la mitad, pero algo es algo. De repente recuerdo la tarjeta del hombre en cuestión, y noto que el mentado sujeto tiene nombre y se llama Alonso. Con los trozos de fe en la humanidad que me quedan, le envío un correo apelando a su gentileza, valor civil y buena onda, mail que para mi sorpresa, encuentra contestación sólo unas horas después.
Pero las sorpresas no paran ahí, porque habiendo establecido contacto, le doy mi teléfono y me llama. Tenemos una plática cordial, al principio con un poco de escepticismo e incredulidad por su parte gracias a algunas cosas que valía la pena aclarar. Sin embargo, todo acaba bien, tan bien que en menos de 48 horas, ya me depositó la mitad del dinero restante para la compostura. No, no me drogué, ni es uno de esos cuentos chinos que me da por escribir. Esto realmente ocurrió.
Así que, muchachitos, la próxima vez que una señora copetona y/o muy mocha les diga "ya no hay moral", tienen ustedes una historia verídica para refutar su estrecha y pesimista visión de este terruño y de sus habitantes. Porque a pesar de nuestros políticos, de la vendimia de nuestros recursos energéticos, del herpes de Rihanna, del calentamiento global, del los bombardeos en Palestina, de que en Jalisco sea ilegal elaborar tortillas a mano; todavía, todavía hay moral. Sí hay, y bien, como diría el ilustrísimo y lamentablemente finado filósofo Paco Stanley. ¡Andaleeee!
* La palabra test no se pluraliza en español. Son incorrectas las voces tests o testes.
** Chela servida en una copa grande y de forma semiesférica, que le da el nombre a la bebida. Por supuesto que nunca le vi la otra bola al muchacho. Es que así se hacen los chismes.
domingo, febrero 15, 2009
Psicóticos Post San Valentín

Domingo soleado, después de un San Valentín muy bonito, Pavelo andaba por Coyoacarnes.
Vagando como el perro sin oficio ni beneficio que soy, me topé con un par de chicas y un chico con una pancarta, que hacía alusión a un tal Diego. Al principio pensé que podía tratarse del cantantucho ese emergido de Código Fama (no me pregunten por qué poseo esa información, así funciona mi cerebro) y que un grupito de fans estaban reclutando similares para conformar un nuevo Pare de Sufrir, con San Diego Divo del Pop de Petatiux como deidad omnipresente y todopoderosa.
La curiosidad mató al gato y a mí me llevó a acercarme a esos muchachos, a riesgo de que intentaran lavarme el cerebro para que me uniera a su vomitiva secta. La chica me sonrió cordialmente y me regaló un flyer, con una dirección de blogger. Ya en casita, en la clásica rapiña de moneditas que se quedan en los pantalones, me topé con el volante en cuestión. Opté por entrar a la dirección ofrecida y ¡voilá! apareció la historia de Florencia, que me parece sumamente digna de ser contada.
Resumen, para todos aquellos que economizan hasta en los cuadritos de papel higiénico que usan para ir al baño:
Chica (Florencia) conoce chico (Diego) en la amada y odiada pista de hielo de Chelito Ebrard. Chico cautiva a chica, pasan momentos increíbles. Chico le deja bufanda a chica. Chico le da teléfono a chica, pero chica lo anota mal y ahora chica está enamorada, obsesionada, y sin manera de encontrar a chico. ¡Chaz!
¿Psicótica?¿Freak? Puede que sí. Pero la verdad es que si yo encontrara al que considero que es el amor de mi vida, y lo pierdo de esa manera, también movería mis recursos hasta encontrar a Diego, el chico de la bufanda. No seamos malas personas, si le quitamos el tinte obsesivo, queda una historia muy chula.
Aquí el link al blog que dio de alta una amiga suya muy solidaria, donde también están un par de videitos explicativos.
http://florenciabuscadiego.blogspot.com/
No sean huleros (el árbol del hule se anda extinguiendo) y ayuden a Florencia. Rolen este blog y el de Flor a todos sus amigos, mándenlo como cadena, pasen el video a sus amigos por MSN, así como pasaron a Edgar, al Hombre Araña que se cae, o al Canaca.
P.D. El árbol del hule no se está extinguiendo, no se preocupen.